Critica social en Snowpiercer, la película

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Critica a Snowpiercer

¿Qué pasaría si mantuvieras a los últimos sobrevivientes de la humanidad, encerrados en un tren durante décadas? Esta es la idea que explora Snowpiercer, película surcoreana dirigida por Bong Joon Ho, conocido por ser también el director de Parásitos.

Un tren que nunca se detiene, que lleva en funcionamiento desde hace 17 años, cruzando el mundo entero, mientras lleva a los últimos humanos con vida. Pero, ¿por qué están ahí? La razón no es algo muy profundo, ya que sigue la línea de las distopías.

El calentamiento global tenía a todos alerta, para intentar revertirlo, decidieron lanzar cohetes con la función de enfriar el mundo un poco. Esto se salió de control, causando el congelamiento total e inmediato del planeta tierra, los únicos que pudieron salvarse, fueron aquellos que por pura coincidencia se subieron ese día a la inauguración del tren.

Los pasajeros y empleados, al ver lo que ocurría fuera, no tuvieron más opción que continuar con el recorrido infinito, ya que si paraban corrían el riesgo que las ruedas u otras partes se congelaran, y si salían, morían a los pocos segundos.

El típico “vamos a salvar al mundo” que termina en un tipo de apocalipsis, nada a lo que darle muchas vueltas, lo interesante de esta película, es justamente lo que ocurre después de esto. Una sociedad constituida por los sobrevivientes, con pocos recursos al alcance, pasando 17 años allí.

En esta película, no veremos a los personajes luchando contra un enemigo externo, fantasioso o demoníaco, como pasa en otras películas distópicas, por el contrario, el ṕroblema en todo momento es el propio ser humano, y la forma en que sobrevive.

Las clases sociales

La trama principal de la película (y que parece ser la inspiración de Bong Joon Ho en la mayoría de sus películas). Las clases sociales es algo que simplemente no puede faltar en una situación cómo esta.

Si bien el tren es de alta tecnología, llegando a ser autosuficiente, necesita trabajadores que ayuden en ciertas cosas mínimas. La clase trabajadora, personas que entraron al tren como empleados, y tienen asegurada su supervivencia.

La clase alta, quienes pagaron enormes sumas de dinero en su momento, para tener una experiencia lujosa viajando por el mundo, y terminaron obteniendo un pasaje de por vida. Estas personas viven su vida con normalidad, no pueden salir, pero no hay nada en el tren que les haga falta, por lo que su vida es cómoda, a pesar del caos exterior.

Por último, la clase baja, personas que no pagaron su estancia ni con dinero, ni con trabajo. Personas que tuvieron la suerte de estar cerca en el momento en que ocurría el desastre climático, y lograron que se les dejara subir al tren.

Su simple existencia consume recursos y espacio, ayudan en poco o nada, viven en el último vagón, amontonados.

Es en este último vagón donde comienza la trama, los de tercera clase están descontentos, dependen de la poca comida que se les da, se les trata con rudeza, a veces se llevan a alguno de sus hijos. No tienen cosas por las cuales vivir, ya que sus vidas, están controladas por los superiores, a quienes les importa poco.

La rebelión

La vida de estas personas es considerada una injusticia, mientras ellos se quedan al final, el resto de los pasajeros tienen mejores vidas, con lujos que ellos no pueden ni imaginar. Curtis, el protagonista, se encarga del plan para la rebelión, siendo guiado por Gillian, que además de ser su amigo, es una de las personas más influyentes del último vagón.

Todos están inconformes, hacen lo posible para avanzar, asesinando a los guardias que hayan en su camino, y a su vez, perdiendo gran parte de los involucrados. A medida que el plan va en marcha, podemos aprender más del tren, y de la forma en que se vive.

Lo primero que vemos es una reafirmación del tipo de vida que se les da, al mostrar que la comida les dan está hecha de cucarachas e insectos. Luego, vemos la vida de las demás personas.

Escuelas, restaurantes, zonas de esparcimiento, peluquerías, saunas, bares nocturnos, drogas. Todo lo necesario para que la clase alta siga con sus lujos.

Curtis se desespera al ver todo lo que lo rodea, cosas que, en un entorno postapocalíptico, son casi imposibles.

La realidad

La verdad detrás de la vida en el tren, detrás de la rebelión, y mucho más. La trama toma un giro, cuando nos enteramos que el personaje “bueno”, que deseaba la liberación, es un asesino, y un caníbal.

Al inicio, cuando las personas del último vagón no recibían ningún tipo de ayuda, se encontraban tan desesperados por comida, que llegaron al punto de comerse los unos a los otros. Todo esto llegó a un final gracias a la poca conciencia que aún quedaba.

En un rincón del infierno, donde los hombres robaban bebés para tener una buena cena, alguien decidió cortarse su propio brazo para salvar la vida de otros, ofreciéndose como comida. Esto llegó al punto de volverse cotidiano, personas cansadas de la constante violencia, que decidían sacrificarse para los demás.

Lo más extraño, es que justo en estos momentos, es que la parte delantera decide ayudarlos, dándoles comida.

Control de masas

¿Realmente hacemos las cosas por nuestra propia voluntad, o somos guiados en cada paso, sin saberlo? Wilford, el creador del tren, es considerado un dios por los pasajeros. Es el salvador de todos, y dedica su vida al tren.

Pero, ¿qué tan omnipotente es la posición de líder absoluto? Las noticias nos llegan como un balde de agua fría cuando se descubre que fue él quien planeó la revolución. Él planeó darles un espacio a la gente de tercera clase, para tener el recurso de explotación laboral infantil, y decidió dejarlos sin comida ese tiempo, para debilitarlos y hacerlos dependientes de las barras de proteínas que se les ofrecían.

Al hacer todo esto, Wilford mantiene una vida perfecta, según su definición. Una utopía donde todos hacen y viven de la forma en que están destinados. Sin alteraciones, todo con un propósito.

Un paralelismo con lo que sucede en la vida real. Supuestos opositores políticos que en realidad mantienen tratos en secreto con sus supuestos rivales, luchas sociales promovidas por las propias personas en el poder.

Todo esto, haciendo pensar a los demás, que la idea viene de ellos mismos, que hacen lo correcto, y que rompen el sistema, cuando simplemente, son controlados por este.

¿Y si fuera al revés?

Lo más curioso de esta película, es que si la pensamos en otra perspectiva, cambia muchísimo la trama.

Primera trama:

El grupo de personas insatisfechas van en contra de la figura de autoridad, peleando por una mejor vida, y la oportunidad de detener el tren, o escapar de él.

Segunda Trama:

Un hombre construye el mejor tren del mundo, pero su inauguración cae a la par, con el fin del mundo. Se ve obligado a dirigir a los últimos sobrevivientes, y se da cuenta de que debe complacer a la mayoría, y mantener a todos bajo control, pues de lo contrario, no podrán vivir en un espacio tan reducido.

Decide utilizar a las personas que no aportaron en nada al tren (y conforman apenas un 10% de los pasajeros, por lo que vemos), dándoles una utilidad, sin gastar muchos recursos en ellos, logrando obtener algo que, sin ello, no podría funcionar más el tren. Debe dejar su humanidad atrás para mantener lo último que queda de esta especie.

Al final, todo lo que construyó con esfuerzo desaparece, cuando un par de personas que pensaban poder vivir afuera, deciden hacer explotar el tren, matando al menos al 90% de la población.

El extremismo

La cuestión de la segunda perspectiva llega por el hecho de que, si bien dos personas tenían razón al decir que el mundo puede volver a habitarse, lo cierto es que para vivir en el exterior acaban con la vida de casi todos.

¿Dónde quedó el sacrificar a uno, para salvar a todos? Teniendo en cuenta que esta película trata sobre un mundo postaṕocaliptico, y las personas de ese tren eran los últimos humanos, ¿qué harán ahora que todos murieron por su insistencia en salir? ¿Repoblar la tierra a lo Adán y Eva?

Al final el mensaje de la película se pierde un poco por su final, llevaba una buena línea sobre cómo las clases sociales son malas, y todos deben tener igual importancia, pero al final toman la ruta del egoísmo, siguiendo su propio deseo de salir, antes que ser responsables de las demás personas, condenandolas.

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