‘Re-Sonator’: la película que reinventó a Lovecraft con grumos y sado-maso en tonos fucsia

‘Re-Sonator’: la película que reinventó a Lovecraft con grumos y sado-maso en tonos fucsia

Consagrar tu largo de fin de semana de Halloween a comprobar solo tradicionales es enormemente satisfactorio, mas asimismo hay que desatrancar cañerías con algo de dentera y baba de los ochenta. Que a su forma, asimismo es una forma de acercarse a los tradicionales. Por poner un ejemplo, con ‘Re-Sonator’ (‘From Beyond’), la falsa continuación de la (esta sí que sí) tradicional ‘Re-Animator’, producida por Empire en mil novecientos ochenta y seis.

En ‘Re-Sonator’ repitió una buena parte del equipo técnico y artístico de aquella. Producción de Brian Yuzna y Converses Band, dirección de Stuart Gordon, estrellato de Jeffrey Combs y Barbase Crampton y, sobre todo, inspiración recóndita en HP Lovecraft.
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A lo largo de varios años ha sido considerada un festival de gore y desmadre púrpura menos logrado que su precedente. Mas el tiempo la ha puesto en su lugar, y si bien no tienen el empaque y la asombrosa perfección de ‘Re-Animator’, no carece de virtudes.


‘Re-Sonator’ está inspirada en el relato de HP Lovecraft ‘Desde el más allá’ (que fulmina ya antes de los créditos) y describe las peripecias de dos científicos (Combs y Gordon) que trajinan con una máquina, el Resonador, que nos deja contemplar a criaturas que habitan junto a nosotros y que frecuentemente continúan invisibles.

Mas la utilización del Resonador es adictivo y no solo hace que esas criaturas nos adviertan y ataquen, sino hace mutar, desatando pasiones y produciendo cambios físicos y sicológicos que transforman a los medrosos doctores en coléricos bizarronautas interdimensionales.

Pura delicatessen Empire
Con una creatividad fuera de lo normal y unos efectos singulares que todavía el día de hoy prosiguen pasmando por su atrevimiento, ‘Re-Sonator’ saca perfecto partido de sus restricciones merced al pulso narrativo de Stuart Gordon, que llevaba una genuina ráfaga a bordo de Empire, la mítica productora de serie B de Hables Band.

A esta etapa de su filmografía pertenecen películas tan jubilosas como su debut ‘Dolls’, la mítica ‘Re-Animator’ y, unos años después, la tronchante batalla de robots gigantes ‘Robot Jox’, idónea para una sobremesa de domingo.

No es el único talento implicado en ‘Re-Sonator’ que da prestancia al resultado: las visiones de Nueva Carne pop de Brian Yuzna ya asoman la patita por acá, aun en mayor medida que en ‘Re-Animator’, y son un piscolabis de películas siguientes de Yuzna ya como directivo, como ‘La novia de Re-Animator’, ‘Mortal Zombie’ o bien ‘Society’.


Es esa reinterpretación mórbida de la turbia imaginación de Lovecraft por la vía de las mutaciones cárnicas lo que da personalidad a ‘ReSonator’. El resultado no está tan de manera perfecta equilibrado como en ‘Re-Animator’, esa prodigiosa sátira de horror extremo, mas no está exenta de logros.

Comenzando por los increíbles efectos singulares de Tony Doublin y el experimentado John Buechler -basándose en diseños de nada menos que el mito del cómic de superhéroes Neal Adams-, y siguiendo por la característica fotografía en tonos viscosamente rosáceos de Mac Ahlberg, y que el día de hoy se han transformado en símbolo abstracto del cine de terror de los ochenta. Una pesadilla neocárnica que merece la pena reivindicar.

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